domingo, 2 de enero de 2011

El arte de leer un libro

El arte de leer un libro

En la mayoría de las sociedades y civilizaciones, el arte ha combinado la función práctica con la estética, pero en el siglo XVIII, el mundo occidental decidió distinguir el arte como un valor estético que, al mismo tiempo, cuenta con una función práctica. El arte es un medio por el cual un individuo expresa sentimientos, pensamientos e ideas; y de este modo se lo ve como un conjunto plasmado en pinturas, esculturas, letras de canciones, películas y libros.

Leer es una condición necesaria para tener acceso a un universo de propuestas culturales que abarcan tanto la filosofía y el arte como la ciencia y la tecnología.
También, se puede decir que leer un libro es develar un secreto codiciable que justifica el esfuerzo. Un lector asiduo de ficciones tiene grandes probabilidades de ser un lector eficaz de cualquier tipo de texto ya que la apuesta que le ofrece el discurso literario es alta y lo pone en situación de ejercer todas sus potencialidades de lector frente a ese reto.

La literatura es una de las formas de la cultura que tiene importancia tanto en la construcción de un lector de libros autónomo e independiente en cuanto al acceso a otras formas y prácticas culturales. Para acercarse a un trabajo serio con la literatura es necesario contar con un aparato teórico y crítico que permita hacer lecturas cada vez más amplias y profundas.

Existen teorías que postulan que la práctica de la lectura literaria debe contar con un mediador que acompañe al nuevo lector a ampliar la lectura del texto literario. Por ejemplo: el maestro, el profesor de letras o un promotor de la lectura. Si se considera el ámbito de la escuela, se tienen antecedentes situacionales según las décadas pasadas. Así, en los setentas, la tesis dominante era que la lectura languidecía por influencia de la televisión y un Estado con políticas sociales que postergaban la educación y en consecuencia la lectura. En los ochentas, la corriente dominante era promover la lectura en la escuela y en otros ámbitos. Asimismo, en los noventas, se da el fenómeno de la homogeneización, selección, agrupamiento y catalogación de los libros a ser leídos en la escuela, lo que constituía un control social de la lectura. A partir del milenio, año 2000, se preconiza la frase de Roland Barthés: “Leer es un placer”. La misma se asocia con la comodidad y la facilidad, opuesta al trabajo, y al esfuerzo. Su símbolo es el almohadón  en contraposición al duro símbolo de los pupitres. Sin embargo, Barthés le da a la lectura  del libro, el significado de conquista gozosa. La lectura y el proceso de construirse como lector también demandan esfuerzo debido a que cada nuevo texto es un desafío. Leer da placer porque se conquistan nuevos mundos, se abren senderos, que llevan a una selva de palabras. Con la lectura, uno entra y sale de la ficción y eso da placer porque promete más gozo si se hace el esfuerzo de leer y eso  se constituye en un acto deseado, codiciable.

La lectura, y el goce de los libros, han sido considerados siempre entre los encantos de una vida culta. La lectura es respetada y envidiada por quienes se conceden rara vez ese privilegio. Es fácil comprender esta situación cuando  se compara la diferencia entre la vida de un hombre que no lee y la de uno que lee. El hombre que no tiene la costumbre de leer está apresado en un mundo inmediato, con respecto al tiempo y al espacio. Su vida cae en una rutina fija; está limitada al contacto y la conversación con unos pocos amigos y conocidos, y ese hombre solamente ve lo que ocurre en su vecindario inmediato. No hay forma de escapar de esa prisión. Pero en cuanto toma en sus manos un libro entra en un mundo diferente.

La escritora argentina Angélica Gorodischer expresa su axioma de oro: “Leer enseña a pensar y a sentir”.  En sus palabras, el libro se revela como un objeto inmortal e infinito que pone el mundo al alcance de la mano del lector y le permite conocerse a sí mismo, ponerse en el lugar del otro, recuperar la fe en el futuro, ser más sabio y más feliz. Un niño que está acostumbrado a ver libros en su casa, a oír a sus padres hablar de libros, a pedir de noche que le narren un cuento antes de dormirse, asociará la felicidad con un libro y no necesitará que lo obliguen a leer. También, mirará televisión y probablemente se sentará frente a la computadora a jugar a los jueguitos, en red o no en red. De esta manera, el libro puede coexistir con la televisión e Internet porque el gozo de la lectura una vez conocido no se abandona jamás.  

¿Qué es arte de  leer un libro? La respuesta es muy sencilla: Consiste en tomar un libro y leer cuando se tiene ganas. Para gozar de la lectura, ésta debe ser espontánea.  

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