Frenético, vertiginoso, alucinante, en tres palabras sintetizó lo que había estado viviendo pocas horas antes. La vio venir y apareció una mueca en su rostro. Divisó sobre su hombro una gavilla de aves remontando el horizonte. Atardecer de invierno, el lago cuyas aguas presentaban un color plomizo se juntaba con la niebla y las nubes grises. El viento golpeaba el rostro de quienes se atrevían a salir a la intemperie. Frenético, vertiginoso, alucinante, resonaban en su mente como gotas que se colaban por un agujero y en su golpe final terminaban formando un charco sobre la superficie. Temblaban sus piernas, sentía frío, un intenso frío. Pensó en las veces, en que fueron juntos a tomar una taza de chocolate caliente. Recordaba vagamente, esa cafetería con mesas que tenían patas de metal y extraños diseños. El portal con aquel letrero rojo donde se leía con letras negras “El antiguo Vesubio”. Frenético, vertiginoso, alucinante, la sentía en su piel mojada con sudor y fragancia de...